‘Tribunal’, vodevil y desvarío elevados a pantomima

Llega a las pantallas españolas Tribunal, ópera prima del realizador indio Chaltanya Tamhane y uno de los films más inmerecidamente ignorados en el panorama cinematográfico actual. A pesar de lo reducido de su promoción y lo infinitamente alejado que está del fenómeno “mainstream”, Tribunal ha sido galardonado con más de 20 premios internacionales, entre los cuales se pueden contar su candidatura a los Oscars 2016 como Mejor Película de Habla No Inglesa, Mejor Película en La Mostra de Venezia (“Sección de Horizontes”) y el premio FIPRESCI de la Viennale.

José Vicente Pérez Girón

Tribunal nos relata la historia de Narayan Kamble, un activista político, poeta y cantante denominado “El poeta del pueblo” y cuyas radicales letras han incitado al suicidio a un trabajador. Este hecho le abocará a una dura odisea en forma de juicio esperpéntico, que hundirá su raíz en una arcaica legislación y la mas estricta injusticia socio-económica de la India.

Dejando de lado el carácter individual del aparente protagonista, Tribunal es un fresco moderno capaz de retratar maravillosamente la contradictoria sociedad hindú del siglo XXI: apartamentos de estilística escandinava, coches de gama, ordenadores Apple, complejos turísticos y mujeres aparentemente emancipadas conviven simultáneamente con chabolas, arrabales, vagones de metro repletos y mujeres esculpidas por el molde del más conservador patriarcado. Según se concatenan los eventos del juicio, no solo la vida privada de Narayan sino también la de todos los implicados en el proceso se revelarán como perspectivas individuales capaces de integrar la realidad global de la obsoleta sociedad hindú.

Si algo se debe alabar de la arriesgada propuesta de Tribunal es el esfuerzo sobrehumano ejercido de los tres años que pasaron desde su definitiva gestación hasta su proyección en el circuito de festivales. Diseñado como ejercicio post-realista, pero con el espíritu del neo-rrealismo de Vitorio de Sica o Roberto Rosellini, su ajustadísimo presupuesto se equilibra a la perfección con un guion agudo, irónico e inteligente lustrado por actores profesionales inexpertos y actores no profesionales que aportan verismo sin denotar amateurismo ramplón.

A primera vista, Tribunal se podría encuadrar en los llamados «dramas de juzgado». Sin embargo, está claro que este filme no encaja en el canon de Doce hombres sin piedad (Sidney Lumet, 1957) o Testigo de Cargo (Billy Wilder, 1957). Y mucho menos en clásicos contemporáneos como JFK (Oliver Stone, 1991) o El Dilema (Michael Mann, 1999).

Debido a lo valiente de su propuesta visual,  al exceso de rigor en ausencia de rigidez técnica y a la mezcolanza de géneros empleados, Tribunal es una criatura difícil de catalogar, conteniendo un poquito y mucho de drama, un mucho y poquito de ironía y unos buenos puñaditos de retrato social. Además, gracias a las varias situaciones surrealistas exhibidas en el proceso, Tribunal podría hermanarse con películas centradas en ridículos pleitos defendidos en el estrado, véase la negación de la teoría de Darwin en La herencia del viento (Stanley Kramer, 1960) , lo crudo de la justicia dentro del ambiente rural franquista en El crimen de Cuenca (Pilar Miro, 1980), la culpa existencial de El proceso (Orson Welles, 1962) o, incluso, la condena social exigida para una madre por asesinar a su hijo en Un grito en la oscuridad (Fred Schepisi, 1988).

En definitiva, estamos ante una película que no llamará la atención del público masivo, pero sí será un aire fresco para los valedores del humor negro socio-político, la ironía, la reflexión y, sobre todo, para todos los espectadores exigentes del séptimo arte. Es importante tener en cuenta que la superficie de la historia de Tribunal es una estrambótica acusación, pero que no por ello menos real. Y es que que la realidad humana siempre es más surrealista que cualquier obra de ficción, la cual no puede ser dañina. Y si no que se lo digan al chaval que mató a un compañero de clase tras la exhibición de La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971) en la Inglaterra del 72.

Desde luego nuestro país no es la India, pero lamentablemente no podemos dejar de esgrimir la injusticia social, la falta de expresión o la corrupción política como valores hegemónicos de la, cada vez más, fracturada sociedad española actual; si te entretiene la comedia humana esta es tu película.

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