“Toda relación romántica conlleva una relación erótica”: Elena Montagud

El sexo y la literatura cada vez parecen ir más unidos. Muchos presagiaron que Cincuenta Sombras de Grey sería solo una moda pasajera, sin embargo, cada vez son más las trilogías de literatura erótica que arrasan en ventas, la última, la Trilogía de Placer (Grijalbo) de Elena Montagud, que todos identificamos claramente al ver un patito de goma. Hablamos con la autora para aprender un poco más sobre como disfrutar del sexo, a través de las letras.

 

Cuando hablamos de novela romántica y novela erótica no siempre hablamos de lo mismo, ¿crees que el romanticismo y el erotismo son dos cosas separadas o que deben ir unidos?

Bueno, es cierto que en muchas novelas románticas no se trata el erotismo y que en novelas eróticas puras y duras no cabe el romanticismo. En el caso de mis historias y personajes creo que es distinto, ya que, si bien al principio como es evidente solo puede existir una relación más ligada a la atracción, a la sensualidad, al erotismo… después poco a poco esa relación se va transformando en una en la que el romanticismo está a flor de piel. Y creo que es lo que ocurre en la realidad también. Es decir, cuando tú conoces a una persona lo primero que aparece es la atracción sexual. Y, a medida que la conoces, te va calando hondo, ¿no? Bueno, no con todos, está claro, jajajaja. Por eso, en mi caso la editorial ha querido denominar mis historias como “novelas romántico-eróticas” porque, en determinado momento de la historia, ya es indisoluble. Claro que puede ir separado. Y en todo caso en ocasiones en mis personajes se trata así. Pero luego llega el amor… Y ahí ya sí que no se puede separar. Toda relación romántica conlleva una relación erótica. Si no, ¡es que mantienes un amor platónico!

En tu Trilogía del Placer adelantas que es  “una historia de hoy sobre mujeres que buscan el amor y hombres que dicen querer solo sexo”, ¿por qué?

Este subtítulo es una trampa. Debería leerse con tono satírico. “Hombres que dicen querer”. Claro, dicen. Pero luego la realidad puede ser bien distinta.

¿Sigue siendo una gran verdad o también hay hombres que buscan el amor y mujeres que dicen querer solo sexo?

Ni todas las mujeres buscan el amor ni todos los hombres quieren solo sexo. Y eso en mi historia se puede ver claramente. Bueno, también pienso que un poquito sí que es cierto que las mujeres somos más de soñar con un cuento de princesas y tal, pero poco a poco esa visión ha ido desapareciendo. Ahora ellas son más abiertas en cuestiones sexuales y toman la iniciativa. Y ellos tienen un corazón tan grande en el que cabe un amor que te cala hasta los huesos. Y eso es lo que quiero mostrar con mis personajes y la historia y, de esta manera, romper estereotipos.

 ¿Qué hace tan especiales a Héctor y Melissa?

Que son de carne y hueso. Tanto uno como otro cometen fallos y también aciertos. Para mi gusto, los personajes imperfectos son encantadores porque son reales. Además, a veces soy un poquito mala con ellos y me gusta ver cómo se caen y qué hacen para volver a levantarse. Por otra parte, la historia entre Héctor y Melissa empieza de una manera muy llamativa y poco a poco va evolucionando y pasando por distintas fases, todas ellas también muy reales. El amor entre Héctor y Melissa tampoco es perfecto, porque en la vida real nunca lo es, pero ellos luchan por conseguirlo, tal y como hacemos cada uno de nosotros en nuestro día a día.  Creo que es eso precisamente lo que ha gustado a las lectoras: que Héctor podría existir (bueno, en mi cabeza existe, ya sabes cómo somos los escritores jaja) y que Melissa podría ser una de nuestras amigas, de nuestras vecinas, una compañera de trabajo o esa mujer con la que nos cruzamos cada día en la parada del autobús.

 ¿Es el sexo una forma de amor especial entre ellos?

Sí, sí lo es. Es la manera en que yo concibo el sexo cuando hay un vínculo estrecho y amoroso entre dos personas. El sexo es una manera de transmitir todo lo que sentimos. Hace poco estuve documentándome para mi nueva novela acerca de todo esto. Con el sexo no solo transmitimos amor, sino que también es posible desahogar nuestra tristeza, o incluso rabia. Es una forma de lenguaje basado en miradas, caricias, besos, en la unión de dos cuerpos. Creo que no hay mejor manera de expresar algo sin palabras. A Melissa y a Héctor les ocurre todo eso. En un principio el sexo les sirve para desahogarse, para soltar toda la rabia y el dolor que sienten por diversos motivos, y luego se va transformando hasta convertirse en la forma más pura de demostrarse el amor que sienten el uno por el otro.

Una de las tramas que suele funcionar muy bien en este tipo de trilogías es hilar la historia en torno a un secreto del pasado, generalmente por parte del chico, ¿por qué crees que gusta tanto este tipo de elementos? ¿Qué conlleva esto en la creación de la historia?

Sí, es cierto que suele funcionar muy bien. En mi caso cuando escribía la historia no pensaba en concreto en todas esas historias en las que se trata esto, sino más bien en el hecho de que, poco a poco, la Trilogía del Placer va adquiriendo cierto halo de misterio. Yo también escribo temática de suspense y creo que de ahí me viene eso de insertar misterios. En este caso fue por parte del chico porque la historia me lo pedía así, pero también me encanta plasmarlo en las mujeres, y es algo que estoy haciendo ahora en mi nueva historia. A mí es que los secretos me gustan mucho, jajaja. En todo tipo de historias, vamos.
Supongo que gusta tanto porque te crea tensión, curiosidad, misterio.

Lo que conlleva es que tienes que planear muy bien todas las pistas que vas a ir dejando caer en la trama. Cómo lo harás, si poquito a poco o de una forma más rápida. Y, por supuesto, estructurar la historia en torno a ese “secreto” que también dependerá de si es más o menos duro.

 ¿Identificamos ya el patito de goma con Elena Montagud? ¿Qué ha supuesto esta imagen tan potente?

Sí, yo creo que sí se identifica. Es más, cada día recibo mensajes privados o post en los que las lectoras me etiquetan porque han visto un pato de juguete, o alguna imagen o algo en la que aparece un pato y se acuerdan de mí. Lo que supone es que los lectores te relacionen con algo, que se cree un boca a boca y, de esta manera, si a un escritor se le identifica con una imagen potente y visual, con un símbolo, es mucho más fácil a la hora de darse a conocer. Además, pienso que el patito, al ser un juguete sexual, también me da una imagen de sensualidad, de picardía, de jovialidad, que se relaciona con mis historias.

En tu trilogía Tiéntame exploras la sumisión masculina y llamadas “mansiones del sexo”, ¿qué hay de esta atracción por el sado, y por este tipo de roles que gusta tanto a las lectoras de erótica?

Pues creo que es el hecho de imaginar precisamente al hombre en ese estado de sumisión, o a la inversa. Aunque es una práctica sexual que siempre ha estado ahí, no es algo de lo que se hablaba en el día a día y a la luz, pero ahora ha ido creciendo hasta convertirse en un boom. Sin embargo, en mi caso, no era del todo esa temática la que yo quería tratar. Apenas conozco ese mundo y ahora mismo, aunque me guste leerlo, no me apetece tratarlo en mis historias. De lo que quería hablar era de un tipo de sumisión que es mucho más peligrosa que el sado, puesto que en este todo es consentido, y en mi historia la sumisión se acerca más al chantaje, relacionado con ese mundo de las “mansiones del sexo” que yo trato más como las que aparecen en la película “Eyes Wide Shut”.

En el último RA ya adelantaste que estás preparando nuevo proyecto, ¿vas a sumergirnos en una nueva faceta del erotismo?

Bueno, podría decirse que sí… No es que sea ninguna práctica sexual ni nada de eso, pero yo sí que lo consideraría como una faceta distinta de la que presentaba mis anteriores personajes. Y creo que es un erotismo muy intenso, hermoso… Tampoco puedo adelantar mucho, por no decir casi nada, pero habrá un contraste en la temática sexual que es lo que dota a la historia y a los personajes de más encanto. Vamos, yo estoy encantada y espero que las lectoras también se enamoren y vuelvan a soñar.

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