Sexo frustrado y sin seguro

Prácticas como la “marcha atrás” o el “método ogino”, no protegen eficazmente contra los embarazos no deseados ni las ITS, y además provocan frustraciones que pueden desencadenar en problemas sexuales en la pareja. Hablamos de sexo frustrado y sin seguro.

Desde que el mundo es mundo, y le pese a quien le pese, uno de los grandes axiomas del sexo ha sido separar placer y reproducción. De esta manera, mujeres y hombres han pensado en todas las maneras posibles de practicar el coito sin tener que cargar con el peso un embarazo. Las egipcias probaron con espermicidas creados mediante miel y estiércol de cocodrilo, las romanas se ponían de cuclillas y se provocaban estornudos nada más finalizar la penetración y las mediterráneas se introducían esponjas de mar con vinagre en la vagina. Si todos estos métodos, nos parecen hoy en día, poco prácticos y poco seguros, lo llamativo es que aún seguimos realizando alguna de estas prácticas anticonceptivas ancestrales.

Prácticas anticonceptivas

De entre las prácticas sexuales, llamadas anticonceptivas, la más extendida de ellas es el llamado “coitus interruptus”. Con siglos de antigüedad, hoy la conocemos más comúnmente como “marcha atrás”, es decir, que el hombre retire el pene de la vagina antes de la eyaculación. Empieza a ser sabido que esta práctica es inefectiva debido a que durante la relación sexual el hombre expulsa el llamado líquido preseminal, que contiene suficientes espermatozoides como para fecundar el óvulo, por lo que sigue siendo posible el embarazo. Como se dice en la calle, “antes de llover, chispea”. Lo que no es tan extendido es que está práctica, si se usa de forma continuada, puede provocar problemas como la frustración de los dos miembros de la pareja, congestión pélvica, y dificultades sexuales. Por ejemplo, el hombre, al obsesionarse con el control de su eyaculación, puede caer en problemas de erección o incluso en eyaculación precoz, y la mujer, al estar más centrada en la llegada del orgasmo de su pareja, que en el suyo propio, puede acabar padeciendo anorgasmia, además del estrés que produce la sensación de inseguridad ante el embarazo.

La otra gran práctica, frustrante e insegura, es el llamado “método ogino”, es decir, restringir las relaciones coitales a los días no fértiles de la mujer. Estos días fértiles se pueden medir por la temperatura basal, el moco cervical, o principalmente según el ritmo del calendario. La metodología habitual es llevar la cuenta de las duraciones de las menstruaciones de la mujer como mínimo 6 meses, y según esto, considerar que en un ciclo de 28 días, la mujer sería fértil entre el séptimo y el vigésimo día del ciclo, contando desde el primer día de menstruación. El problema es que los ciclos son inestables, y varían por cuestiones como el peso, los partos o el estrés, por lo que la seguridad contra el embarazo de esta práctica oscila entre el 60 y el 90 por ciento, según qué estudios. Teniendo en cuenta también que este método exige un control estricto por la pareja, y que reduce las relaciones sexuales a “cuando toca”, en vez de “a cuando apetece”, se vuelve a caer en frustraciones, insatisfacciones, y riesgos innecesarios en un S.XXI lleno de métodos anticonceptivos seguros. Pero sobre todo, ninguno de estos métodos protege de las infecciones de transmisión sexual, puesto que no son métodos barrera como si lo son el preservativo masculino y femenino.

Prácticas aconceptivas

En realidad, las mejores prácticas anticonceptivas, son las prácticas aconceptivas. Según define el Observatorio de la Salud de la Mujer, estas prácticas son “las cosas que dos cuerpos pueden hacer sin que entrañen riesgo de embarazo”. Porque la relación sexual no tiene porqué traducirse en relación coital, y por lo tanto, no hay que perder de vista que existen muchas más prácticas que pueden resultar mucho más seguras, menos frustrantes y sobre todo, más satisfactorias.

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