Ser mujer, ser madre

¿Se puede ser mujer renunciando a la maternidad? En un mundo donde la vida familiar y laboral son de difícil conciliación, donde reproducción y sexo ya no van siempre de la mano, pero en el que a la vez se nos educa en la necesidad de tener hijos para el sostenimiento social, ¿la maternidad se convierte en un derecho o en un deber?

En el siglo XXI la mujer parece estar destinada a ser muchas cosas, una mujer independiente y trabajadora, eficiente, que a la vez sea dulce y organizadora de su hogar, pero sin olvidar su faceta de perfecta amante y mejor amiga. Pero si hay algo que la mujer siempre ha sido, y sigue siendo ante todo, es madre.

El sexo, por su parte, también ha evolucionado, y si inicialmente parecía tener una función eminentemente reproductiva, el placer hizo su aparición, también al otro lado de la cama, y descubrimos que si el clítoris, el verdadero órgano sexual de la mujer, se encuentra fuera de la vagina, puede ser que placer sexual y reproducción ( y por tanto, también penetración), ya no estén tan íntimamente ligados. Por ello, se dio un paso más, hacia la llamada “planificación familiar”, es decir, la aparición de métodos anticonceptivos, cuyo principal objetivo es el de poder mantener relaciones sexuales evitando el embarazo, con lo que la mujer se vio libre de decidir respecto a el cuándo de su maternidad.

¿Hemos conseguido dar el siguiente paso, es decir, el que la mujer no elija sólo el cuándo, sino el si realmente quiere ser madre o no serlo? ¿Se puede ser hoy mujer, renunciando a la maternidad, sin ser señalada socialmente?

Los medios, como ya hemos citado, están ahí, pero seamos realistas, cuando se conoce a una pareja, que lleva mucho tiempo juntos, a todo el mundo se le escapa por la boca la típica pregunta, “¿para cuándo los niños?”, y en los casos en los que la respuesta pasa por un “estamos bien así, los dos”, la conversación se cierra entre miradas extrañas. Aún más complejo en el caso de mujeres solteras, a las que en vez de visualizarlas como a mujeres independientes, quizás tan centradas en su carrera como lo pueda estar un hombre, no pueden dejar ser mujeres a las que “se les está pasando el arroz”, ¿pero y si han decidido no estrenar la cocina?

En un mundo donde las exigencias laborales impiden compatibilizar vida familiar y profesional, en donde es difícil mantenerse con un solo sueldo para “dedicarse a la familia”, en el caso de sea lo que una elija como opción personal, pero en el que a la vez la ciencia se ocupa de dar facilidades a las mujeres, con pareja o sin ellas, de vivir la experiencia de la maternidad, sea como sea,  ¿cuál se supone que es el camino a seguir?

La maternidad como derecho, ¿o cómo deber? ¿Es una función social que en ocasiones puede que nos sintamos obligadas a representar? ¿Se activa por igual el reloj biológico en todas las mujeres? Y sobre todo… ¿se es menos mujer si no se es madre?

La realidad es que el futuro avanza hacia ser libre, al menos, en parte de nuestras elecciones y decisiones  y hoy, presión social aparte, existen los medios para que una mujer decida si quiere o no  ser madre, y sobre todo, a definirse a sí misma como mujer. Porque  ser mujer es un término demasiado amplío, y le pese a quien le pese, no pueden cumplirse siempre las expectativas que todo el mundo espera de una. Se puede, sin embargo, intentar al menos cumplir las expectativas que como mujer, esperas de ti misma.

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