Semana Santa: historia de una torrija

Las “torrejas” del siglo XV se fueron haciendo habituales en las tabernas de Madrid. La Cuaresma y la Semana Santa adoptaron este dulce, más adelante, con el fin (presumimos) de aprovechar el pan atrasado que ya no podía comerse, pues estaba duro.

Sara Niño

Llegó la Semana Santa y las cocinas de casas y bares se activan para concebir las torrijas más ricas del lugar. Pan, leche, huevo, aceite y azúcar son los ingredientes indispensables; canela, limón y vino, los posibles pero no obligatorios, aunque dan a la torrija un sabor único e inconfundible.

De origen francés, como decíamos, la torrija llegó a España en el siglo XV. Sería más adelante cuando, debido a la emigración española, este dulce se adoptara en otras muchas partes del mundo.

La tradición manda

Existe una amplia variedad de recetas para hacer torrijas; sin embargo, la tradición que exige la Semana Santa no iba a ser menos en lo que a gastronomía se refiere.

Las torrijas más tradicionales son, pues, las de leche: una barra de pan de torrija específico o de pan del día anterior se corta en rodajas que empaparemos en leche, rebozaremos en huevo y freiremos.

A continuación, las torrijas se aderezan con canela, limón y azúcar. Ahora bien, el pan también se puede rebozar en vino y leche o solamente en vino.

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