Reyes Calderón: “Si el cielo existiera, sería un niño recién nacido”

ENTREVISTAS 

Nos atrapa su sabiduría y nos gusta su prosa. Reyes Calderón, que ha visitado estos días Madrid para promocionar su última novela, La puerta del cielo, nos ha abierto si no la mismísima puerta del cielo, sí la de su pensamiento. De religión, del destino, del lado oscuro del ser humano, de sus inquietudes y, sobre todo, de su buen hacer en materia literaria. De todo eso y mucho nos ha hablado Reyes Calderón.

Sara Niño

InMagazine (IM): En La puerta del cielo encontramos referencias a hechos y documentos muy concretos. ¿Cuál ha sido la labor de documentación?

Reyes Calderón (R. C.): En estos siete años he podido leer de todo: estamos en una línea difusa entre lo que podemos demostrar y lo que no… Pensé que iba a ser más difícil pero no. Hay mucha documentación desde la parte de la ciencia y desde la de la religión. En todo caso, no se trata de hacer ciencia ni de hacer religión, se trata de ser verosímil.

IM: ¿En qué te has llevado grandes sorpresas? Es decir, que hayas dicho: “No pensé que esto existiera”.

R. C.: El tema de los médium, los echadores de cartas, los espiritistas… en Roma hay más personas de estas que curas. Esta industria mueve miles de millones… hay, incluso, empresarios que no toman decisiones si no consultan con un médium.

IM: ¿Con qué profesionales han contado (médicos, abogados, psicólogos…) para escribir La puerta del cielo?

R. C.: He trabajado más de cerca con exorcistas. Todo ese mundo se me escapaba más que otros. Después, me ha ayudado algún físico por el tema de la ciencia. En Madrid me ha ayudado mucha gente; en Jerusalén, también…

IM: Las descripciones que haces de Madrid son excepcionales…

R. C.: La gente que vive en Madrid quizá no se fija. Los que venimos de fuera, no solo vemos, sino que también miramos. El barrio de Salamanca (donde está ambientada La puerta del cielo) es como una isla dentro de la gran ciudad… 

IM: ¿Con qué carácter tienes más sintonía?

R. C.: De todos tengo un poco: me gusta mucho la ironía gallega de Gerardo… me encanta Encarna.

IM: Los personajes que creas son muy reales: ¿cómo lo creas?

IM: Las descripciones que haces de Madrid son excepcionales…

R. C.: La gente que vive en Madrid quizá no se fija. Los que venimos de fuera, no solo vemos, sino que también miramos. El barrio de Salamanca (donde está ambientada La puerta del cielo) es como una isla dentro de la gran ciudad… 

IM: ¿Con qué carácter tienes más sintonía?

R. C.: De todos tengo un poco: me gusta mucho la ironía gallega de Gerardo… me encanta Encarna.

IM: Los personajes que creas son muy reales: ¿cómo lo creas?

R. C.: Me encuentran ellos a mí. Es como el pulpo: si te pasas de cocción no hay quién lo coma, pero un pulpo duro no hay quién lo aguante. En la T4 he encontrado muchos personajes… y, cuando empiezan a hablar, digo: “Ya está, es él”; y muchas veces ves que alguna frase no le pega… Puede resultar esquizofrénico (risas).

IM: La puerta del cielo es una historia sobre el bien y el mal, la religión y el exorcismo… ¿Has querido destapar la parte oscura de la religión?

R. C.: No, he querido destacar la parte oscura del ser humano: no conozco a nadie perfecto… pero en La puerta del cielo se me permitía encontrar los dos extremos. Si el cielo existiera, sería un niño recién nacido dormido en el hombro.

IM: Si el cielo y el infierno existieran, como dices, ¿crees que sería más fácil traspasar la puerta del infierno que la del cielo?

R. C.: Hay un signo que es el odio. En esta sociedad, hay mucho odio reconcentrado, sin causas… No es un impulso de matar a otros, es un odio macerado, que siempre ha existido. La ventaja es que, al aparecer una esquina, aparece la otra: ahora hay más solidaridad, por ejemplo.

IM: ¿Puede ser La puerta del cielo tu novela más aventurera?

R. C.: Yo diría que es la más arriesgada.

IM: ¿En algún momento durante la escritura de La puerta del cielo has creído enloquecer, es decir, no saber adónde ibas a llegar?

R. C.: A veces había demasiada dosis de religión; a veces, demasiada ciencia… he tardado siete años en encontrar el equilibrio, en mostrar las cosas sin demostrar.

IM: ¿Crees que la religión, en ocasiones, tiene más respuestas que la ciencia?

R. C.: Creo que hay cosas que no tienen respuesta y tanto en la religión como en la ciencia, confluyen.

IM: En muchas de tus novelas aparece la Iglesia y la religión. ¿Qué papel tiene la religión en tu vida?

R. C.: Soy religiosa y, por mi cuenta, he necesitado respuestas a cosas que me han ido ocurriendo. Por ejemplo, siempre creí que había vida después de la muerte, pero, por ejemplo, al ver a mi padre muerto, me lo replanteé… Sigo buscando respuestas, pero respuestas del alma, que son intangibles.

IM: En Gerardo (protagonista de La puerta del cielo) se vislumbra un cambio importante. ¿Cuándo deja de ser escéptico y roza, incluso, la locura en relación a los exorcismos?

R. C.: Gerardo es un ser gris, que cree que vale mucho más de lo que aparenta. El propio Ferlucci le va tocando en este punto. Entonces, es cuando el dominio que tenía sobre sí mismo cambia. De hecho, cuando abres una puerta, se abren muchas puertas y muchas ventanas.

IM: ¿La muerte de Koldo Otxotorena es un antes y un después?

R. C.: Sí, sí, es como decir: “Que esto va en serio”.

IM: ¿Hablemos de otro tema destacado en La puerta del cielo: el destino. ¿Crees en los médium, esas personas que dicen adivinar el futuro?

R. C.: Yo entiendo que hay gente que tiene una intuición particular pero que no comercia con ello. Luego están los que sí comercian. Aquí hay muchos cantamañanas.

IM: ¿El destino es inevitable? ¿El destino siempre vuelve?

R. C.: Yo no creo mucho en esa forma de destino. Gerardo tiene ocasión de decir no, pero tiene el don y no quiere decir no. Es decir, permite que el destino le siga. Creo que todos tenemos un punto de voluntad, aunque no sea al cien por cien, así que puedes dominar al destino.

IM: ¿Dejas abierta La puerta del cielo a una segunda parte?

R. C.: De momento estoy con Machor (que vuelve en la siguiente novela). Yo no planifico las novelas; me atrapan ellas… No sé de dónde salen… Habrá que esperar a ver, no sé si es el destino y mi voluntad de seguirle (risas).

IM: ¿Te gustaría que tus novelas fueran llevadas al cine?

R. C: La puerta del cielo ha estado a punto pero al final, no. Era muy caro… pero me encantaría. De hecho, creo que son muy cinematográficas.

IM: ¿Te atreverías con un género diferente?

R. C.: Me tengo que divertir mientras escribo. Me gusta mucho investigar y me divierto y, si me divierto, el lector se lo pasa bien. 

IM: ¿Te ha llegado alguna información de policías o investigadores que te digan que tus novelas les han ayudado a resolver sus casos?

R. C.: No, pero, por ejemplo, en Pamplona, después de haber escrito Los crímenes del número primo, mataron a una chica a la que cortaron el dedo y la policía me dijo que sospechó que hubiera seguido mi historia. Finalmente, no: lo que pasó es que quería descuartizarla pero, como no tenía las herramientas necesarias, se quedó con un dedo.

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