Los números del sexo

Cifras que son posturas y porcentajes que son losas en la vida sexual de las parejas. Nuestra sociedad actual está empeñada en cuantificarlo todo, y el sexo no se ha quedado fuera de esta obsesión por las estadísticas

Inmagazine

69 formas de pasarlo bien en la cama, pasión concentrada en 15 minutos, y un 70 por ciento de españolas que declara “hacerlo” al menos una vez por semana. Todos estos números del sexo provocan, cuanto menos, tensión, altas expectativas, y frustraciones que deberían estar previstas.

El sexo no debería nunca medirse por la cantidad, sino por la calidad. Hacerlo mucho, no es sinónimo de hacerlo bien, y tener una talla mayor, no significa tener más capacidad de dar placer. Las noticias sobre sexo, nos guste o no, están llenas de porcentajes que, si bien son ciertos y pueden ayudar a hacerse una idea de la evolución de la vida de las parejas en un tiempo y un lugar, por lo general también tienen intereses ocultos. Hoy en día, el sexo, no es sexo, sino salud sexual. Vivimos en una sociedad medicalizada, y muchas empresas y profesionales que viven de este sector, entre ellas también las industrias farmacéuticas, tienen una gran presencia en nuestro día a día y en nuestros problemas de cama. Es por ello, que muchas de estas estadísticas, incluyen además datos sobre dificultades sexuales como la eyaculación precoz, el deseo sexual inhibido, o como no, la disfunción eréctil. Estas cifras consiguen hacer muy visible un problema, que aunque real, logra parecer alarmante debido a grandes números, conseguidos gracias a la problematización de dificultades comunes que todos los individuos tienen alguna vez en su vida. Además, la solución a estos problemas parece pasar exclusivamente por la farmacología, en vez de consultar, por ejemplo, también de forma paralela a expertos en medicina, sexología o psicología.

Frecuencia

Cuando Alfred Kinsey comenzó a recopilar datos sobre la vida sexual de la población estadounidense a mediados del siglo XX, no podría imaginarse que abriría la caja de Pandora con una nueva característica, que se había pasado por alto hasta entonces: la frecuencia. Desde entonces, la pregunta magistral de cualquier terapia de pareja, pasó a ser “¿con qué frecuencia mantienen relaciones sexuales?”. Entendiendo, claro, por relaciones sexuales, relaciones coitales. Este hecho supuso una brecha entre muchas parejas, cuyas “ganas” no se correspondían. La realidad es que nadie tiene un deseo demasiado grande, ni un deseo demasiado escaso, cada uno, tiene el que tiene, y punto. Si tu pareja tiene más o menos ganas que tú, la solución pasa por el mismo sitio que cualquier otro conflicto, es decir, llegar a un entendimiento mutuo, y contemplar el cultivo del placer del propio cuerpo como una opción natural para ambos sexos. Además, permite plantarse una nueva pregunta, “¿Qué es lo que no te apetece? ¿Qué relación sexual podría provocarte mayor deseo?”. El sexo no es mejor si se hace todos los días, sino si se práctica cuando se tienen ganas. Y sobre todo, el sexo no se mide por un número de penetraciones mensuales, puesto que ahí se quedan fuera caricias, besos, y todo tipo de prácticas como la masturbación mutua o el sexo oral, que pueden resultar incluso mucho más placenteras, puestos a medir.

El placer no es una competición, es una experiencia. No hay un tamaño de pene, o una talla de sujetador que nos convierta en ganadores, y tampoco hay un reloj que nos marque un tiempo límite para disfrutar de este juego. No existe una suma matemática, ni si quiera sólo 69 formas de hacer el amor. Porque al sexo, el único número que le podemos poner, es el infinito.

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