Lorena Amkie: “El acoso escolar ha existido y existirá siempre”

El bullying o acoso escolar es un mal que aqueja la sociedad actual; sin embargo, desde la experiencia de Lorena Amkie, autora de El club de los perdedores, este ha existido siempre, solo que con nombres distintos. Hablamos con ella, desde el otro lado del charco, y esto es lo que nos cuenta.

Sara Niño

InMagazine (IM): Para escribir El club de los perdedores habrás investigado mucho… ¿Has encontrado un avance o un retroceso, en cuanto a legislación sobre acoso escolar, en España (en comparación con tu país de origen)?

Lorena Amkie (L. A.): Realmente la investigación, si se le puede llamar así, fue totalmente empírica. La novela pretende ser eso, una novela, la historia de alguien, y en eso me basé para escribirla: en las historias de muchos, en escenas que atestigüé en mi adolescencia, en anécdotas que mis lectores me han compartido a lo largo de los años en correos electrónicos, talleres y presentaciones. No puedo decir que conozco al detalle la legislación al respecto en España, pero en mi país, México, todavía es un tema que confunde mucho a los responsables del tema legal, pues el acoso se sigue viendo como algo hasta cierto punto “normal” que sucede entre chicos, algo que quizá incluso es parte del crecimiento, una especie de ritual de iniciación que fortalece y “curte” a los acosados y que a los acosadores se les perdona porque “son solo chicos”. Al ocurrir, muchos de los casos, entre menores de edad, no se ha encontrado con una manera de castigar esto. Hay muchas campañas basadas en la empatía y en el concepto de que los chicos deben denunciar el acoso, pero los “soplones” nunca han sido bien vistos y muchas veces les va peor. Otra filosofía indica que hay que defenderse, pero no todos tienen los mismos recursos físicos o mentales para hacerlo. Mi idea es fortalecer a la víctima y sacarla de ese papel.

IM: ¿Qué hacen mal los adultos para que los adolescentes se tornen acosadores?

L. A.: Muchas veces los acosadores vienen de ambientes violentos: el padre golpea a la madre, la madre golpea al hijo, el hijo patea al perro… Por explicarlo de alguna manera. Pero otras veces no existe esa explicación y se trata de naturaleza humana pura y dura, del deseo innato que tenemos de dominar y sobrevivir. Y, en otras ocasiones, resulta que el acosador no comprende ni siquiera la gravedad de lo que está haciendo, y al obtener atención/admiración/miedo por parte de sus colegas, aprende que es algo que le vale la pena hacer. Por eso la enseñanza básica es la empatía, el explicarles que los papeles cambian y que, dependiendo del lugar y el momento, cualquiera puede convertirse acosado.

El no estar involucrados en las vidas de sus hijos, creo, es un factor de riesgo (tanto para los acosados como para los acosadores).

IM: ¿Y para ser acosados? Es decir: si un chico/a le cuenta a su padre/madre que en clase le insultan o se ríen de él/ella y el/la progenitor/a no le cree, está fomentando el acoso escolar… ¿Qué más cosas influyen de manera negativa en el/la adolescente acosado/a?

L. A.: La idea de que los adolescentes son dramáticos y exageran es peligrosa. Sí, puede que los chicos tengan las emociones a flor de piel, pero hay que saber escuchar y reconocer los gritos de auxilio. Siempre será mejor haber puesto demasiada atención, que demasiado poca. Alexa, la protagonista de la novela, no venía de un hogar donde fuera humillada ni tenía alguna característica física o mental más allá de ser pelirroja y buena en el colegio, pero era acosada de igual manera porque sus compañeros la percibían como diferente, simplemente. Porque un grupo de gente decidió volcar su violencia en ella. Gente como Alexa tiende a salir adelante porque tiene los recursos y el apoyo para hacerlo, porque una parte suya sigue creyendo que ella tiene un valor, pero personajes como Ruth, que no tienen con quién hablar y que son humillados o ignorados en sus propias casas, corren más riesgo porque se llegan a creer que merecen lo que les pasa.

IM: Cito a la protagonista, Alexa: “O están locos o no tienen memoria. Esta es la verdad: el instituto es una mierda”. Da mucha pena que otras generaciones recordemos esta etapa como algo bonito… ¿Por qué hemos llegado a esta situación?

L. A.: Jeje… Lo que yo descubrí al escribir El Club de los Perdedores y hacer ese viaje en el tiempo a mi propia adolescencia es que la esencia de lo que sucede en los colegios no ha cambiado. Ahora tiene un nombre y se le presta más atención, pero creo que la violencia ha sucedido siempre y, lamentablemente, sucederá siempre también. Creo que esa idea de que las cosas eran mejores antes son idealizaciones que hacemos con el paso de los años, justamente cuando la edad adulta se torna difícil. No niego que para muchos la infancia y la adolescencia pudieran ser divertidas, y las cosas no son blancas o negras: hay momentos difíciles y momentos maravillosos. Pero la etapa en sí está llena de confusión, complejidad y problemas de identidad.

IM: ¿Qué papel juegan los profesores en caso de acoso escolar?

L. A.: Menos del que deberían y más del que les gustaría asumir. Es complicado responsabilizar a personas que pasan solo algunas horas con los chicos de las actitudes que puedan tomar, pero como dice la expresión, “it takes a village”, o sea, toda la aldea forma parte de la educación de cada niño. Creo que a los profesores también se les tendría que sensibilizar acerca de este tema, más desde el punto de vista humano que otra cosa.

Los maestros también son personas con debilidades y puntos ciegos, y suele suceder que entran en las mismas dinámicas que sus alumnos y terminan del lado de los acosadores, en lugar de ayudar a las víctimas. Creo que es momento de ampliar la visión que tenemos de los profesores, que más allá de instruir acerca de un tema específico, son formadores, guías y modelos de lo que son los adultos y de cómo es el mundo.

IM: ¿Has conocido casos en que se ha producido efecto dominó, es decir, el acosado acaba siendo acosador?

L. A.: Por supuesto. Como mencioné atrás, tanto en una familia como en una organización, grupo social o empresa, la manera de relacionarse se transmite a los niveles de abajo. Un jefe abusivo muy probablemente creará empleados que serán, a su vez, abusivos con sus subordinados, y estos subordinados, frustrados y violentados, quizá pelearán con alguien en un bar o le gritarán a su pareja o humillarán a sus hijos…

LAS REDES SOCIALES

IM: Pasemos a hablar del papel de internet, en especial de las redes sociales, en el acoso escolar… ¿Crees que las leyes, en la red, deberían recrudecerse con tal de que no se puedan publicar vídeos que muestren agresiones o burlas hacia compañeros (bien de clase, bien de trabajo)?

L. A.: Es un tema complejísimo, pues podemos acabar arriesgando la libertad de expresión; pero, por otro lado, las redes se han convertido en una vida tan real para los adolescentes como su mundo de carne y hueso, y lo que en ellas transcurre les puede dañar. Cuando yo era niña, los problemas en el colegio terminaban cuando llegaba a casa. Ahora, a los chicos el acoso los persigue en sus móviles, a todas horas y en todo momento.

En algunas redes hay reglas y es posible hacer denuncias, pero el alcance real de esto es imposible de cuantificar. Creo que, más bien, lo que tenemos que hacer es enseñarles a nuestros jóvenes a usar internet a su favor, de la misma manera en que los enseñamos a cruzar las calles.

IM: Sin embargo, como vemos en la protagonista de El club de los perdedores, un blog también puede ser una vía de escape a tanta desgracia… Dinos alguna influencia positiva que estén teniendo las redes sociales, en este momento.

L. A.: Internet es una herramienta que puede usarse para bien y para mal, como un martillo que se usa para construir una casa o para romperle a alguien la cabeza; lo importante es conocerla y guiar a los jóvenes en su uso haciéndoles comprender que es un mundo en el que suceden cosas reales y con consecuencias reales, también. Si yo hubiera podido, en mi adolescencia, conectar con gente que leía los mismos libros que yo, por ejemplo, me habría sentido mucho menos sola. La pantalla, hoy, puede servir como espejo o como una pared contra la que nos estrellamos.

IM: Alexa piensa mucho en el futuro, en que todo pasará… Pero, ¿no estaremos ante un punto de no retorno? Es decir: hemos avanzado tanto y tan mal que la situación ya no tiene enmienda. ¿O sí?

L. A.: De nuevo, a mí me parece que la esencia de lo que sucede ha sido y será la misma, porque está basada en la naturaleza humana y esa es la misma siempre. Nuestro error, y que por eso nos sentimos desesperanzados tan a menudo, es creer que la humanidad evoluciona en línea recta. No: nuestro avance siempre ha sido en espiral, vamos dando vueltas y vueltas y de pronto vemos la misma situación. Lo que avanza a velocidad de vértigo es la tecnología, eso sí, pero las preocupaciones básicas de los chicos (¿quién soy? ¿quién quiero ser? ¿a quién debo amar?) no cambian, aunque los medios cambien.

Sí creo que es importante transmitirles a los jóvenes que hay un mañana, que esto también pasará, y llegará el momento en que podrás elegir con quién pasas tus días y qué quieres hacer con tu vida. Este es un mensaje importante en El Club de los Perdedores: ten paciencia, que la vida te espera más allá del instituto.

LOS PADRES

IM: Como decías, hay padres responsables de la violencia con que se crían sus hijos y, por tanto, de que sean acosadores. Pero otros, no… ¿Qué le dirías a un padre o una madre cuyo hijo es un acosador?

L. A.: ¿Qué les diría? Que lean El Club de los Perdedores con su hijo, jeje. Que hablen de discriminación, de racismo, de minusvalía, de las pequeñas violencias que se convierten en grandes violencias, en asesinatos, guerras, masacres. Y si hay algo más, algo más allá del diálogo, que busquen ayuda con un profesional, para ver si la necesidad de ejercer violencia está relacionada con algún tema emocional que ellos ignoran.

IM: ¿El club de los perdedores tendrá segunda parte?

L. A.: Como tal, no, pero mi más reciente novela, publicada apenas en México y titulada Las Catrinas, es la historia de Renata, que en El Club es un personaje secundario. Me quedé con la idea de que hay más de una manera de ser “perdedor”, y quise saber cómo Renata había llegado a ser la que era. La novela está situada atrás en el tiempo y habla de las amistades que nos empujan al abismo y los amores que pueden salvarnos. Es profundamente urbana, pasando por la violencia que aqueja a mi país, bastante oscura y con un ritmo trepidante.

IM: ¿Algún otro proyecto literario que tengas entre manos?

L. A.: ¡Un montón! Las historias orbitan en mi cerebro todo el tiempo, pero de pronto una brilla más que las otras. Ahora mismo estoy en la etapa de promoción de Las Catrinas, que espero tengan oportunidad de leer también en España, pues ¿quién no ha tenido un amigo o amiga por el que haría todo? ¿Quién no se ha visto atraído por el peligro, por las sombras, por el abismo?

IM: ¡Muchas gracias por atendernos!

L. A.: ¡A ustedes, gracias por el interés, y un abrazo desde México!

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