El último caso de Reyes Calderón

RODRIGO A LA ROMANA. Ingredientes (para 7 asesinatos): Un bastón, 4 gramos de heroína pura, un alambre fino (acompañado de una petaca llena de queroseno y un encendedor), un puñal, una espada, una escopeta de cañones recortados, un aparato eléctrico sumergido en agua y siete números romanos. TIEMPO DE PREPARACIÓN: Varios días; TIEMPO DE EJECUCIÓN: Doce meses; DIFICULTAD: Baja (para una mente perversa).

Sara Niño

La más reciente novela de Reyes Calderón, El último paciente del Doctor wilson, se adentra en los recovecos de la mente de un criminal que, cuando parece va a ser descubierto, vuelve a esfumarse, dejando tras de sí una huella en los escenarios visitados, dispares entre sí, como dispares son las víctimas elegidas. Todo un enigma de la mano de la perspicaz jueza Lola Machor y el audaz ingenio del inspector Iturri.

En un momento complicado de su vida y durante una conferencia sobre globalización en Barcelona, Lola recibe un manuscrito en el que un tal Rodrigo le narra a su psiquiatra, Ernest Willson, seis asesinatos perpretados por sus propias manos. Su instinto, que pocas veces falla, le dice a la jueza que detrás de esas páginas hay algo más que simple literatura.

Así, rápidamente y en compañía de Iturri, pone en marcha una investigación. Investigación que les lleva a ambos a cruzar el globo terráqueo de norte a sur: de Lisboa a Nueva York, pasando por Santorini, en pleno mar Egeo.

Una cita con el propio doctor Wilson en el restaurante Clyde´s, en Nueva York, parece ser el final de la tormenta que se cierne sobre las cabezas de Lola e Iturri. Pero el destino aún les depara alguna que otra sorpresa.

No tan diferente de la obra que otorgó la popularidad a Reyes, Los crímenes del número primo, esta nueva entrega mantiene en suspenso la atención del lector, pues no es hasta el final cuando todo se descubre. Cualquiera y, al mismo tiempo, nadie puede ser un asesino en serie.

En definitiva, solo la pluma de Reyes Calderón es capaz de intrigar al lector hasta extremos insospechados, transportarle a exóticos parajes, y, a la vez, logar despertar en él un gran interés por la vida, bastante interesante por cierto, de Maria Dolores Machor. Lolilla para los amigos.

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