Crítica de “Nuestros amantes”: Tienes que verla

Con “Nuestros amantes” estás apunto de enamorarte.

Cuando una película cuenta con unos protagonistas como Michelle Jenner y Eduardo Noriega, la cosa ya pinta bien. Si encima la primera escena nos sitúa en una librería, ya promete. Porque en seguida nos damos cuenta de una cosa, de que ‘Nuestros Amantes’ no es la típica película española.

Sí, la historia gira en torno a esa idea de “chica conoce a chico, chico conoce a chica”, pero no, tampoco es la típica comedia romántica. Si hubiera que definir de alguna forma a “Nuestros amantes” (Bemybaby films), diría que es un baile de máscaras.

Y es que la película empieza como un juego entre los protagonistas, en el que deben interpretar los papeles del “hada chalada de los sueños” y del “duende chiflado”, que básicamente se resume en lo que hacemos todos para seducir a una persona, que nos ha llamado la atención a primera vista. Jugar a ser otros. Por eso, al principio, algunos diálogos pueden parecer forzados (como lo son en cualquier primera cita), pero según avanzamos en la historia, la película nos va sumergiendo, y pronto nuestros sentimientos afloran lo mismo que los de los protagonistas. Se vuelven más auténticos, más intensos, más emotivos. Nos acaban conquistando lo mismo que Jenner y Noriega se conquistan mutuamente.

Una película que no pretende ser más de lo que es, la narración de la vida de dos personas, que se encuentran en un momento clave, y los cambios que eso provoca en ambos. Un guion, que bien podría adaptarse a teatro, lleno de diálogos que sabrán apreciar los que disfruten de la complejidad de las relaciones humanas. Una historia tierna, divertida, ágil, fácil de seguir y que engancha lo suficiente como para olvidarte de la hora.

Porque no, ‘Nuestros amantes’ tampoco busca un chiste fácil con comparaciones entre catalanes y vascos, ni tiene el humor burdo de gente estrambótica soltando chascarrillos en una comunidad de vecinos. Y sin embargo, consigue arrancar no solo sonrisas, sino verdaderas carcajadas.

Quizás no a todo el mundo. Esa es la gracia. Saber hacer de una declaración sexual escabrosa un momento tierno, o de una interpretación sublime de Bukowski un momento erótico, y que la gente sea capaz de sentirlo, aun sin tener ni idea qué es eso de ‘La máquina de follar’ ( encima consiguiendo despertar la curiosidad, que no es poco). Aunque sin duda, para los que lo sepan, el guiño rozará la genialidad.  Y eso, hoy en día, con la crítica actual y con el público general es, cuanto menos, valiente.

Más si se profundiza un poco en la trayectoria profesional del padre de la criatura, Miguel Ángel Lamata, y se sabe apreciar no solo una honesta autocrítica, sino un renacer, en la que sin duda es su mejor obra.

Todo ello, además, con algunas sorpresas. No solo los giros de guion que funcionan a la perfección, o la audacia de convertir a Gabino Diego en un poeta y un galán, que convence más de lo esperado.  También el hecho de mostrar una ciudad,  la de Zaragoza, como nunca nos la habían enseñado. Con sencillez, pero con mucha magia.

Algo así como el amor que surge en esta, y por esta historia.

Porque claro, ¿qué hubiera pasado si Woody Allen presentara hoy ‘Manhattan’ en la cartelera española, sin la fama que precede a su nombre? ¿O si Richard Linklater  fuera un español que empezase a plantear la primera ‘Antes del amanecer’? ¿Es “comercial” una película con diálogos  que intentan  hablar,de forma sencilla y sincera, del amor y del desamor, de lo divino y de lo mundano, con diálogos ágiles y sin mayor parafernalia?

Quizás lo mejor de esta película es que no ha tenido miedo a averiguarlo.

Brindemos, pues,  por “Nuestros amantes”

4/5

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