Carmen Romero Dorr: “No quería una novela triste”

El último regalo de Paulina Hoffman viaja desde la Alemania nazi hasta la España de la posguerra y, de ahí, al año 2016. Un viaje histórico pero, sobre todo, personal. No solo para la protagonista de la historia, sino para la propia autora, Carmen Romero Dorr, quien debuta en literatura con esta novela y saca lo mejor de sí. Como editora, como escritora, pero, antes de nada, como gran lectora. Hablamos con ella.

Sara Niño -InMagazine

InMagazine (IM): Eres editora, además de escritora. Cuando has escrito tu primera novela, ¿de qué nociones sobre edición te has valido?

Carmen Romero Dorr: Cuando escribí el primer borrador de la novela lo hice de un modo muy torrencial, la historia me salió de muy dentro, y cuando escribes desde el corazón, tienes que olvidarte de las cuestiones técnicas. Los conocimientos sobre narrativa que tengo gracias a mi trabajo me fueron útiles más adelante, a la hora de corregir y revisar la novela. En cualquier caso, creo que, como a cualquiera que escribe su primera novela, lo que de verdad me ha servido es ser una gran lectora.

IM: ¿Qué ha significado esta novela desde el punto de vista editorial? ¿Y desde la perspectiva de escritora?

Carmen Romero Dorr (C. R. D.): Como editora está siendo un aprendizaje brutal. Siempre intento ponerme en la piel de los autores que edito, pero vivir la experiencia en carne propia es totalmente distinto. Sientes inseguridad, nervios, afán de perfeccionismo, vértigo… ¡un cóctel explosivo! Y desde la perspectiva de escritora, conocer desde dentro el mundo editorial te permite comprender mejor todas las etapas del proceso.

IM: En una entrevista en Cadena Ser explicas que el arranque de El último regalo de Paulina Hoffmann es autobiográfico, ¿hay algo más que la novela haya heredado de tu vida?

C. R. D.: El arranque de la novela está basado en la historia real de mi familia, sí. Al morir mi abuela, ordenando sus cosas, reencontramos un viejo álbum de fotos de su infancia en el Berlín nazi y su llegada, de adolescente, al Madrid de la posguerra. Esa fue la semilla de la historia, que a partir de ahí fue creciendo dentro de mi cabeza. Creo que si quieres tocar el corazón del lector, tienes que beber de la realidad, usar sentimientos verdaderos o cosas que has conocido, aunque la historia luego sea una ficción. La literatura debe contener verdad, el lector es inteligente y reconoce cuándo las emociones son auténticas.

IM: ¿Hubieras vivido en la época de Paulina Hoffmann?

C. R. D.: Paulina Hoffmann vive algunas de los momentos más oscuros de nuestra historia reciente: el auge del nazismo durante los años treinta, la apocalíptica Batalla de Berlín y la posterior entrada del Ejército Rojo en la ciudad, la España gris y triste de la posguerra… Son épocas apasionantes desde el punto de vista literario, pero desde luego prefiero no haber tenido que vivirlas en carne propia.

IM: Relatas algunas crueles escenas de la Alemania nazi, pero –al menos así lo percibo yo– no te detienes demasiado en ellas. ¿Era esta tu intención o acabaste haciéndolo para que destacase más la historia personal de Paulina que el contexto histórico?

C. R. D.: Tenía claro que no quería escribir una novela triste, sino una historia que reflejara las luces y sombras de la vida. La novela es un canto a las segundas oportunidades. Por eso, he intentado que después de las escenas más duras o crueles venga siempre un capítulo más luminoso, en el que los personajes recuperen, aunque sea un poco, la esperanza.

IM: ¿Qué virtudes posee la protagonista de la novela?

C. R. D.: La gran virtud de Paulina es su fortaleza. En varios momentos del libro se la define como una superviviente, alguien que ve derrumbarse todo lo que la rodea pero que, aún así, logra mantenerse de pie. También es una mujer inteligente y que sabe liberarse en buena medida de los prejuicios de su época, tomando decisiones que no son las que se esperan de ella.

IM: ¿Hasta qué punto le influye a Alicia su abuela a la hora de divorciarse y darse una segunda oportunidad, como en verdad se dio ella?

C. R. D.: Para Alicia el ejemplo de su abuela es fundamental, y, de hecho, Paulina le dará una última lección incluso después de muerta, a través del apartamento en Berlín que le deja como herencia.

IM: ¿Conoces los escenarios por los que transcurre la novela o has recurrido a documentación?

C. R. D.: Conozco a fondo las tres ciudades. Madrid es donde vivo, y con Berlín y Málaga tengo profundos lazos familiares. Además, durante la escritura de la novela recorrí una vez más los escenarios berlineses y malagueños para asegurarme de reflejar bien cada detalle. Estas tres ciudades son tres personajes más de la novela, cada una tiene un peso muy concreto en la historia, y quería asegurarme de que el retrato fuera absolutamente fiel.

IM: ¿Cuánto tiempo has tardado en escribir El último regalo de Paulina Hoffmann?

C. R. D.: La escritura del primer borrador fue muy rápida, menos de seis meses, porque salió de una manera muy pasional. Pero luego he dedicado dos años más a revisarla y corregirla hasta estar segura de que había quedado redonda.

IM: ¿Esta novela será la primera de muchas?

IM: ¿Imaginas El último regalo de Paulina Hoffmann como una serie de televisión al estilo Las chicas del cable, incluso en la gran pantalla?

C. R. D. : Me encantaría, claro, pero me temo que no basta con que lo imagine yo, sino que tiene que hacerlo un director o un productor…

IM: ¡Muchas gracias por atendernos!

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