Calabacín: la fragilidad de la infancia

Calabacín es el nombre de un niño huérfano de 9 años. Tras la muerte de su madre, Calabacín ingresa en un hogar de acogida donde viven otros niños huérfanos de su edad. Al principio se siente en un lugar hostil y extraño. Sin embargo, poco a poco, su vida allí comenzará a cobrar sentido.

Jaime Fernández Palacios

La película es la ópera prima de Claude Barras, escrita por Céline Sciamma. Es una adaptación de la novela de Gilles Paris Autobiografía de un Calabacín, que se convirtió en la película de animación más premiada de 2016. En el festival de San Sebastián se hizo con el premio del público a mejor película europea, y actualmente está nominada al Oscar como mejor película de animación.

La vida de Calabacín es una apuesta diferente que utiliza la técnica de animación stop-motion. Se trata de una historia sobre la infancia robada a unos niños huérfanos desde temprana edad. Pero, en esta película, dirigida al público adulto, existe un mensaje lleno de positividad y esperanza: que esos niños olvidados recuperen sus vidas, para poder crecer con el amor y la felicidad que nunca debieron perder.

Los ojos de los personajes ofrecen una mirada cargada de emociones. La ilusión, la ingenuidad, la alegría o la tristeza forman parte de una cinta de animación que trata con humor y elaborada sensibilidad un tema tan serio como es la fragilidad de la infancia. La belleza de sus creaciones, diálogos incluidos, es tan alta como el tratamiento del tema de fondo. Y el ritmo impregnado durante los 66 minutos de duración hace que la historia fluya con naturalidad.

La vida de Calabacín es capaz de hacer reflexionar al espectador y dejarlo con un buen sabor de boca.

 

 

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