Bolarque, un salto de luz

Situado en la provincia de Guadalajara, la construcción de este complejo hidráulico supuso un gran avance para el desarrollo de la energía eléctrica. 105 años después, en Inmagazine, repasamos la historia del Salto de Bolarque.

Laura de la Cruz

Desde el siglo XII, la fuerza del agua fue aprovechada por los “gancheros” para transportar madera desde la zona del Alto Tajo hasta Aranjuez. Pero sería un gran molino harinero, de seis ruedas, el que despertaría la atención de Bolarque como fuente productora de energía. En 1180, Alfonso VIII entregó el molino a la Orden de Calatrava, y el Concejo de Almonacid, lo recuperaría en 1410. Estuvo en funcionamiento hasta principios del siglo XX, cuando comenzó a construirse el que llegaría a ser  uno de los mayores complejos hidroeléctricos de España.

El 20 de junio de 1910, Alfonso XIII inauguró la presa, junto a la primera central de Bolarque. Su antigua sala de máquinas, convertida hoy en museo, alberga numerosas piezas y documentos que son fiel reflejo del desarrollo de la empresa y de los avances tecnológicos de la época.

Con la evolución de la tecnología y los cambios en el medio natural, Bolarque tuvo que adaptarse a las nuevas necesidades requeridas por el paso del tiempo. En 1954, comenzó a funcionar Bolarque I, que se ampliaría con la central reversible Bolarque II. En funcionamiento desde 1974,  cumple con una doble función: producir energía eléctrica y elevar el volumen de agua necesario para abastecer el trasvase Tajo-Segura. La última incorporación es la Central Ecológica de los Molinos, que se inauguró en 2010, coincidiendo con el centenario del salto.

105 años han pasado desde su inauguración, en los que el agua ha seguido y seguirá el curso de la historia.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *